La sesión en Mullaghmore de este invierno con Natxo González no es “otra ola viral” más: es uno de esos baños en los que se juntan experiencia, paciencia y un punto de locura controlada para ir a por una ola que casi nadie quería remar.
Entre frío, viento helado y un reef muy poco amable, Natxo acabó firmando una de las olas más potentes que se recuerdan allí remando.
Pensé que iba a morir
natxo gonzalez
Natxo González y su vuelta a la élite de las olas grandes
En los últimos años, el nombre de Natxo ha sonado menos en los swells XXL, y no precisamente por falta de ganas o de nivel. Detrás de ese paréntesis hay una doble conmoción cerebral, primero en Puerto Escondido y después en Nazaré, que lo dejó literalmente fuera de juego y le obligó a parar cuando estaba en pleno momento alto de su carrera.
El cuadro no fue “un susto y ya”: hablamos de meses con mareos, vómitos, migrañas fuertes, visión borrosa y una sensación constante de no estar bien ni dentro ni fuera del agua. Hubo una etapa larga en la que su objetivo no era coger otra bomba, sino algo tan básico como poder salir de casa, tomar un café con amigos sin dolor y volver a sentirse persona antes que surfista.
Ante la falta de soluciones claras aquí, terminó viajando a Suiza y a un centro de alto rendimiento en Austria con el apoyo de Red Bull, donde le montaron un plan específico de recuperación cerebral. Ese proceso se estiró casi dos años entre pruebas, rehab y mucha paciencia, hasta que por fin pudo plantearse volver a surfear olas grandes sin jugar a la ruleta rusa con su salud.
Por eso esta ola en Mullaghmore es tan importante: llega después de casi dos temporadas fuera del radar XXL, de poner en duda si seguir o no, y de reconstruir confianza en un escenario que no perdona.

La ola en cuestión
La ola llegó después de más de dos horas dudando, viendo a otros comerse bombas muy serias y comprobando que casi nadie conseguía llegar al canal de pie en las más grandes.
En el propio vídeo cuenta que, antes de la ola buena, se tiró en una izquierda que le dio “el airdrop más heavy” de su vida y lo dejó totalmente pasado de vueltas. Después de esa, incluso su equipo le sugería dar la sesión por cerrada.
Aun así, al ver cómo seguían alineándose líneas perfectas en Mullaghmore, decidió remar “una más”, colocarse bajo el pico y jugarse esa carta final. De esa ola dice que “pensé que me iba a morir” y que todavía hoy le hace llorar cuando repasa las imágenes
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